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Foro 32. Amnistía es café

Amnistía (Buyar Alimani, 2011) es café. Café por el color que compone la fotografía, por el tono con que habla de la desesperanza de sus personajes, por el contexto árido y desértico en el que muere cualquier ilusión; café como el ron con el que los personajes se anestesian para ser insensibles ante el sufrimiento que impera en la prisión de una nación abandonada en el tercer mundo.

por Miriam Matus
@MatusOnTuits

Amnistía (Buyar Alimani, 2011) es café. Café por el color que compone la fotografía, por el tono con que habla de la desesperanza de sus personajes, por el contexto árido y desértico en el que muere cualquier ilusión; café como el ron con el que los personajes se anestesian para ser insensibles ante el sufrimiento que impera en la prisión de una nación abandonada en el tercer mundo.

La cinta funciona como una elegía que retrata a la Albania contemporánea, inmóvil, atrapada en el desempleo y la burocracia, un lugar en el que todos permanecen cabizbajos y parecen no anhelar absolutamente nada. La historia principal rodea a un hombre y a una mujer, que gracias al montaje subsecuente que nos ofrece la edición, podemos suponer desde un principio que habrán de encontrarse eventualmente.

Las visitas conyugales que ambos hacen a sus respectivas parejas encarceladas se vuelven una obligación tortuosa hasta para nosotros, testigos que sufrimos también el desagradable e insípido encuentro sexual, tan anti-erógeno que nos hace pensar que el sexo también tiene fecha de caducidad.

Los visitantes se conocen accidentalmente y comienzan una relación amorosa secreta que funcionará como el único sonido armónico en la disonante y amarga realidad de ambos. Su infidelidad los regresa a la vida, aunque lamentablemente, ya que en este lugar en el que la libertad es una amenaza, augurar un futuro positivo sólo sería propio de los más ingenuos.

El director albanés Bujar Alimani, presenta una cinta realista, conformada casi en su totalidad de sonido ambiental, sin ninguna nota extradiegética que nos sugiera algo más de lo que vemos. El delicado tratado musical nos expone dos aspectos que simbolizan la situación de Elsa: uno es su moralista suegro tocando la gaita en medio de la noche, como himno del trágico porvenir familiar, disipando de manera estridente la tranquilidad del sueño nocturno de los demás y la posibilidad de encontrar un poco de paz; el otro momento es en el que la misma Elsa roza tímidamente las teclas del piano en casa de su amante, un par de notas que traen música a la vida de los dos, un poco de sonido que les ofrece la posibilidad de saberse vivos nuevamente, o al menos hasta que la orden de amnistía sea concedida y la libertad de los reos sea paradójicamente su vuelta a la prisión de la moralidad.

Si bien la cinta nos revela y exhibe el sinuoso camino que atraviesa Albania para llegar a ser parte de la ya quebrantada Unión Europea, no convoca en lo absoluto hacia la emancipación de los albaneses, no propone mirar hacia arriba y construir un panorama que los aleje de su propia tragedia.

Amnistía también mira hacia abajo, asesina a cualquier tipo de pasión y nos invita a esperar también a que las cosas sucedan. Es café porque mira de forma melancólica, parda y estática cómo sufren los otros; café porque su tono la hace poco visible y la aleja de cualquier color llamativo que grite de inconformidad, como si la luz del atardecer la atravesara y, diáfana e insípida, se dejara morir junto con el día.

Checa los horarios de exhibición dando click aquí.

16.05.12



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