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Diario de un seductor o el alcoholismo como caricatura

 

por Praxedis Razo

Para mi buen amigo Sergio Valdez que está en la película sin sospecharlo y aún sin, quiero creer, quererlo.



Desde ¿Qué pasó ayer? y su clon quesque continuación (ambas de Philips, 2009, 2011) parece que el alcoholismo tiene que ser algo medio gracioso medio grotesco chistosón, y se tiende a ignorar la gravedad e importancia que ha tenido este tema para el mundo del cine. Baste con mencionar la perfecta obra inacabada de George Cukor, A star was born (1954) para que quede bien claro. Y lo que pasa con Diario de un seductor (un tierno/maduro Robinson, 2011) es la muestra de que las buenas ideas literarias sin buenos intérpretes fílmicos pueden convertirse en malas películas.

Sin mencionar que el verdadero título en español debiera ser El ron diario, esta película comienza con grandes expectativas que desde las primeras secuencia comienza a derrumbar. Primera: se trata de la segunda gran adaptación de Hunter S. Thompson al cine, y su precursora es casi un ícono fílmico de fin de siglo xx (Miedo y repulsión en las Vegas, Gilliam, 1998). Segunda expectativa, quizá más importante que la primera: el mismísimo Johnny Deep, el Doctor Gonzo de Gilliam, está también en la película de Robinson para repetir las hazañas del pasado. Algo muy interesante pudo haberse fraguado, y, en vez de eso, una obra, la primera de su haber, desabrida –que no sobria– de Thompson se convirtió en una pésima película del desencanto fresa de los sesenta puertorriqueños absolutamente soft de soft.

Un hombre abre los ojos como si fuera el primer día de su vida en un cuarto de hotel del afrentoso y martirizado Puerto Rico de principios de 1960, a un año del espectacular triunfo de la Revolución cubana. Como si de un film de suspenso se tratase, todo es misterioso, cuando en realidad se trata de una comedia ligera. Al llegar al periódico donde trabajará para salir de la jodienda que no se le ve por ningún lado, se torna en un remiendo de cine contestatario cuando estamos siempre ¿o no? frente a una comedia ligera. Y no tarda e llegar el colmo de colmos: el alcohol, el gran personaje, sin duda alguna, de la historia, pero es menos que llevado al traste caricaturesco.

Nunca se sabe qué giro va a dar la película, pero es como estar en el cuerpo de alguien que está cayendo por unas escaleras angostas en espiral: de un chiste malón, de un lugar común, como el rito tontote de iniciación al que se somete el todopoderoso protagónico Paul Kemp (el Deep del que antes les hablé, absolutamente desperdiciado y desperdigado), a otro peor, como el juego sexual idiotón de a ver quién grita primero a 160 km/h, en metáfora perpetua y aburrida de la manzana de la tentación. Así es, nunca se sabe, pero lo que la hace más insoportable que nada es el trato suave que tienen los realizadores (productores a bordo… ¡Deep incluído!) con todo lo que pasa adentro de la película: si se trata de sexo, será en pantalones; si se trata de drogas, serán un misterio absurdo; si se trata de alcohol… y se trata de alcohol, según tengo entendido, todo debe ser incomprensiblemente fársico.

La estética interna del film nunca coincide con el tiempo en el que se sitúa. La música que podría haber sido el único y congruente hilo conductor, es desperdiciada y casi nulificada; el contexto político, maltratado; los gestos yonquis, ridículos. El filme no se puede sostener de sus balbuceos, e incluso abusa del gag homosexual facilón y vulgarzón (el paseo sobre las piernas en coche), y todo lo que exista de intentona por rescatarse a sí mismo, medio debe provenir del libro del insípido Thompson que intentaba buscar su voz (lo que medio se dice a lo largo de la película sin mayor realce).

Y en cuanto a la ética, lo que pudo ser una decente precuela de Miedo y repulsión… sin precedentes en la historia del cine por las expectativas que leyó arriba usted, lector, se puede ir considerando una sorpresa impresentable de una producción que debió haberse dado cuenta del momento en que se cayó, por ya no volver a decir que es una simplona comedia ligera. Es un desperdicio de Thompson que se vuelve, entre líneas, un extraño desfile de modas de la alta y de la baja sociedad puertorriqueña que se mueve aún hoy en el imaginario colectivo gringo tal como lo concibió el propio Gonzo: con cinismo y desprecio total. La película no llegó al corazón de la historia sino a su pesar: la sociedad podrida que vio el periodista queda bien retratada pero por lo mal llevada a cabo esta ilógica representación que conduce al espectador a un final entre tierno y meloso: imposible, y todo porque sabemos que el alcohol es cosa seria.

20.01.12



Praxedis Razo


Un no le aunque sin hay te voy ni otros textículos que valgan. Este hombre gato quiere escribir de cine sin parar, a sabiendas de que un día llegará a su fin... es lo que más le duele: no revisar todas las películas que querría. Y también es plomero de avanzada. Mayores informes y ofertas al 5522476333. ....ver perfil
Comentarios:
23.01.12
Sergio Valdez dice:
Pues gracias por acordarte de mí. Me pones en una contradicción porque quiero verla para saber en dónde me hallaste, pero al mismo tiempo dices que es absolutamente palomera, y para los parámetros de F.I.L.M.E., eso es sinónimo de bodrio, entonces como tal, la conseguiré en la pirateca de la banqueta. Aprovecho: ¡revisen mi chamba en la sección Sonoro!
comentarios.
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