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Trainspotting: 20 años, previo a la secuela

Clavada en la coolness de Trainspotting, qué más

por Laura Galicia

 

Veinte años después de ver por primera vez la icónica escena en que Mark Renton corre mientras escuchamos un monólogo antisistema y de fondo aparece incitante “Lust for life” de Iggy Pop, lejos de ser olvidada, quizás haya tomado más sentido (para los espectadores que aún la admiramos y reconocemos como atemporal) la indiferencia hacia el sueño de vida ideal expresada en esa secuencia.

Llena de ironías que van desde la euforia (provocada por la heroína) contra la decadencia en la que sume a los adictos, la traición del protagonista principal al terminar la historia con un ánimo bastante claro de siempre sí, la diversidad entre los personajes –desde el cándido y aparentemente afable (Spud), el deportista enamorado (Tommy), el iracundo (Begbie) o el simpático (Sick boy)–, Trainspotting es de las mejores adaptaciones para el cine de una obra literaria.

No son pocas las personas a las que esta película les cambió la perspectiva acerca del éxito y de lo que parece ser la búsqueda obligada de la felicidad y el bienestar. Es Edimburgo a mediados de los 90 y lejos de presentarnos a algunos jóvenes preocupados por el sobreexplotado amor y la superación del ser, vimos en la pantalla a una pandilla de crápulas desilusionados del lugar en el que viven y cuyo interés más grande es el futbol, como una pequeña muestra de la vida británica menos expuesta, pero no por eso inexistente de la época… De todas las épocas.

El impacto visual causado por Danny Boyle traspasó fronteras y colocó de nuevo a Inglaterra en el foco de atención (ahora del cine) subiéndose al llamado movimiento Coolbritania y dando un aire de renovación al sentimiento patriota anteriormente desgastado por la “Dama de Hierro”.

Cómo olvidar a Ewan McGregor sumergiéndose en la mierda después de haberse aplicado un supositorio de opio brindado por el fastidioso Mikey Forrester (Irvine Welsh): Happiness is a warm gun... A la atípica belleza de película, Diane (Kelly Macdonald), con su vestido plata en medio del bar; ¿o cómo separar "Perfect day" de Lou Reed de la imagen de Renton yéndose al vacío y siendo transportado al hospital?

¿Qué tal el mal viaje del bebé de Alison muerto atormentando a Renton en plena rehabilitación? O Begbie ocasionando una trifulca en el bar…

Podría seguir mencionando escenas, fotos, secuencias y grandes momentos de Trainspotting (1996), ahora muy bien catalogada como película de culto. Sin embargo, inevitablemente, me detendré porque, si bien a dos décadas de haber causado gran polémica de si era o no una invitación al mundo de las drogas y los estupefacientes y haber sido motivo de grandes debates, nos topamos con que ya tenemos la secuela: mismos actores, Danny Boyle, por supuesto, Porno (2002) de Irvine Welsh… ¿No te gusta la palabra coolness?, dime otra que lo describa mejor.

Dicho sea de paso, esta secuela parece contar con mucho más material de explotación cinematográfica. En fin, una joya vendida sin necesidad de ser mostrada; aunque, dicen por ahí que las grandes expectativas son la principal causa de las grandes desilusiones. Yo, por lo menos, seguiré esperando con ansias el estreno y si después se realizara Skagboys (Welsh, 2012), también.

 

20 años después

por Adolfo Cruz Carbajal

 

Recuerdo que hace diez años ya, en la universidad, empezaba a platicar con amigos sobre cine. A partir de preguntarnos cuáles eran nuestras películas favoritas fue donde empezamos a intercambiar lo que, a nuestros ojos, eran títulos obligados y otros que acabábamos de descubrir en ese momento. Es decir, eran los momentos en que empiezas a disfrutar la cinefilia.

En la universidad me volví a encontrar a una compañera con la que había estudiado en la preparatoria y ya en ese entonces las películas en formato DVD eran algo común por lo que las charlas cinéfilas se complementaban con el intercambio de películas, me acuerdo que yo compartí Pulp Fiction (1994) de Tarantino y ella me pasó Trainspotting: La vida en el abismo (1996) de Danny Boyle. Así fue como conocí ésta película que el año pasado cumplió dos décadas de existencia.

Hay películas que nos marcan a la vez que definen nuestro gusto por el cine, en el caso de Trainspotting puedo decir que está en mi lista de películas favoritas desde el momento que la vi por primera vez, por sus personajes desquiciados y carismáticos que, ingenuamente, creen que por medio de las drogas pueden conseguir el placer y la felicidad que su entorno adulto y aburrido les niega.

La película le pertenece a Mark Renton, interpretado por un muy joven Ewan McGregor, ya que es él quien nos brinda la narración de las aventuras en la película con su robusto acento escocés. Constantemente él nos insiste “elige la vida’”, junto a su banda de amigos Spud, Sick Boy, Tommy y el colérico Francis Begbie; sin olvidar a Diane, la seductora menor de edad de la cual Renton “se enamora a primera vista”.

La banda sonora es el alma de la película, desde mi punto de vista: canciones que abarcan diversos géneros musicales desde el rock hasta la el synthpop. Por ejemplo, la escena del flechazo entre Renton y Diane en el antro Volcano con la canción “Temptation” como telón de fondo es uno de mis momentos favoritos del filme, ya que el ritmo de la misma transmite a la perfección esa atracción, como si la canción estirara el tiempo por un momento ante la singular belleza de la chica.

Por otro lado, en el que se define con atmósferas, tenemos una escena cumbre: “El peor baño de Escocia”, donde a Renton le entra una diarrea provocada por unos supositorios de opio, los cuales defeca en aquel inmundo inodoro para después recuperarlos al ritmo de la melodía “Habanera” de Bizet.

Esta secuencia proyecta lo que Michel Foucault llama “cuerpo utópico”, es decir aquello que se desprende de la lógica física y que nos proyecta a nuestras fantasías mentales. Renton se vuelve líquido al interior de ese inodoro el cual se convierte en un mar con minas gigantes (sus padres, sus amigos), todo este instante nos transmite el estado mental del personaje al expandir esa necesidad por recuperar sus supositorios de opio. Simplemente una de las escenas más bellas en la historia del cine y qué mejor manera de celebrar los veinte años de este clásico de comedia negra volviéndolo a visitar una vez más.

 

16.03.2017

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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