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Birdman

La semblanza del ego

por Trajano Hernández

 

No es casualidad que Michael Keaton protagonice a un actor en sus “segundos aires”, siendo él quién en los 80 y 90 encarnara a uno de los héroes más amados y repetidamente adaptados: Batman (Burton, 1989) y Batman returns (Burton,1992). Resulta curioso que, después de ser un querido espectro -Beetlejuice (Burton, 1988)- tomara la actitud de un fantasma en los prmeros años del siglo XXI. Keaton sería entonces un secundario en el mundo de las primicias.

Birdman: o la inesperada virtud de la ignorancia (González Iñárritu, 2014) es protagonizada por alguien que pasa al mundo como un superhéroe retirado. Nada mejor que una etiqueta que remplace al nombre. Riggan Thompson sufre de algo que acuño como “el mal del chicle”: un actor que se transforma en héroe, querido por la cultura popular y que inevitablemente explota para nunca más “pegar”. La vida de la farándula se mide en número de veces que se puede saborear la misma golosina. Thompson planea dar paso al mundo del teatro, donde las frivolidades de la crítica y de su entorno definen su personalidad.

Alejandro González Iñárritu conforma un elenco que goza de la virtud de ser multifacético: Naomi Watts, la cual actúa para y por su belleza rubia, dejando ver las arrugas que las jornadas de trabajo con Cronenberg, Lynch, Jackson y Haneke han dejado en su persona. Su humor radica en la frustración de querer pertenecer a Broadway y tener a su ex pareja en el mismo set: Edward Norton, conocido por su intrépida forma de actuar a un ilusionista, inspector, neonazi, al Sr. Rockefeller y por supuesto, “un hombre común” con personalidad múltiple.

Éste último se lleva las palmas del humorista oscuro, del espléndido cómico pesimista: Mike Shiner es un gran actor, incapaz de dejar la arrogancia y el ego de lado, su mejor escena es cuando tiene una erección frente al público, incapaz de tenerla a solas con su mujer. Si hay un personaje antagónico en esta película, éste aparece en la primera plana.

No es menester enlistar a sus compañeros, pero su mención parece necesaria: Emma Stone con su papel de Sam “junky” Thompson, hija adolescente del “hombre pájaro” que deja ver sus 26 años de edad a leguas y cuyo problema será su exceso de estatura; además, Zach Galifianakis nos regala una de sus actuaciones más sobrias en la industria (siendo quizá la única hasta el momento) y que deja su pésimo humor undeground salir a la tierra de la madurez. “Espléndido” es la palabra para definir su personaje.

No es casualidad que el reparto esté constituido por una generación que tuvo sus mejores momentos de los 80' a los 2000' al igual que la caricatura de Birdman y que la representación de lo irreal conviva con lo mundano. Aquí lo absurdo no tiene efectos especiales.

La armonía de la historia, con sus múltiples planosecuencia, definen la dinámica del filme. El ritmo de las escenas están conectadas con una continuidad versada en los sonidos a cargo de Antonio Sánchez, jazzista mexicano, hijo de la Escuela Superior de Múscia de Bellas Artes y conocedor de las percusiones, las cuerdas y las armonías. Galardonado con un Grammy en 2003, él lleva de la mano a las transiciones entre la acción y sus consecuencias. Sus cameos recuerdan la invisivilidad de los santos, que están presentes pero que sólo unos cuantos pueden conocerlos. El metrónomo es su cruz.

González Iñárritu posee además un elemento que va a definir toda una generación de fotógrafos: Emanuel Lubezki. Para él, las pausas son tan importantes como haber “grabado” la elocuencia y grandeza del espacio. A la par de su trayectoria reconocida internacionalmente –Solo con tu pareja (91), Sleepy Hollow: la leyenda del jinete sin cabeza (99), ¿Conocen a Joe Black? (98) y Como agua para chocolate(92)– existe una cualidad de virtuoso en lo que pasa por su lente/ojo.

Éste, en mancuerna con “el negro” pretende hacer del filme un solo plano secuencia; al final y al principio del filme están los cortes más explícitos, como una analogía de que lo iniciado termina de la misma forma: rápido. Además, sus transiciones del paisaje edifican, literalmente, la trayectoria de Riggan en su obra de teatro: luego del crepúsculo está el amanecer. Cuando los preestrenos de la obra de Thompson son vomitivos, improvisados y también suertudos, hay que pensar que lo más importante siempre es el estreno.

Sin embargo, el verdadero personaje, el más querido en todo el guión no es otro que el superhéroe que, curiosamente no tiene decadencia. Birdman, es el personaje caricaturesco de la extinta casa productora Hanna-Barbera, que era compañero de El trío galaxia y compatriota animado del Fantasma del Espacio; se hizo popular en la televisión infantil del canal Cartoon Netwoork. Éste tenía el poder de volar gracias a sus alas naturales, la capacidad de lanzar rayos con sus dedos y crear escudos de fuerza contra ataques. Excelentes aptitudes para cualquier habitante del siglo XXI. 

El hombre con el traje se muestra invisible ante la voz en off profunda que recuerda a Vincent Price, éste tétrico pedazo del “ello” (según Freud) que hace de Michael Keaton el experto para interpretarlo. Con los poderes dignos del dibujo animado, el estadunidense puede hacer caer una lámpara, destruir una habitación y mover con los dedos los objetos. La aspiración del mundo es hacer su mejor versión: en ocasiones el héroe se esconde tras la máscara del dolor. La dura crítica termina hasta con Superman.

Con un marcado estigma, los críticos escriben sobre el papel lo que no pudieron hacer sobre el escenario o detrás de una cámara: su marcado egoísmo está en su envidia, en la aspiración y en la ignorancia de la práctica. Tabitha (Lindsay Duncan) es quien quiere destruir a la celebridad. Su crítica está “concepualizada, no puede hacer nada más que encasillar las cosas”, en palabras de un añejo Thompson. El cansancio de los críticos es proporcional a sus crudas críticas. ¿Quién puede más, una columna sobre teatro o la insatisfacción de no poder tener éxito? Ambas son igual de poderosas para alguien con alas en la espalda.

Con guiños que no son siempre trágicos, las simpleza de las situaciones y la ausencia de escenarios en el filme, su composición es casi hermitaña, casera y un tanto pequeña. Sin duda, las buenas historias radican en la complejidad de los humanos y no en un guión tan laborado. Lo que vende es lo natural, la ausencia de plasticidad, la calidez. Coincide que YouTube tenga más vistas de un hombre en calzoncillos que de una ficción.

Los requisitos que necesita un hombre para volverse exitoso no son difíciles de enlistar, de no tenerlos, uno pensaría en el suicidio. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, pensaría Raymond Carver que se trata de no ser invisible ante el mundo. Cuando el fantasma pasa tiempo sin ser avdertido requiere de algo milagroso para ser visto de nuevo: Michael Keaton, que dejó de ser pronunciado por décadas, espera su momento para ser aplaudido.

 

18.11.14

Trajano Hernández Luna


@trxhdz
Estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM. Conductor de Radio Reacción, estación radiofónica por internet. Fotógrafo practicante y escritor ocasional. Baterista esporádico. Lector recurrente. Amante d....ver perfil
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