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Reporte Berlinale 3: Güeros

por Cuauhtémoc Pérez-Medrano

 

La Berlinale edición 64 llegó a su fin. Poco a poco en cada sala de las distintos cines, el vacío se volvía constante. En la sala 8 a las 20 horas en el CineStar se proyecto Güeros (Ruizpalacios, 2014) la última película en agenda de la Berlinale, la cual, como ya lo sabrán gano el premio a la Mejor Ópera Prima de este festival. En mi caso, antes de saber todo esto, elegí ver esta película al último, como cierre, no como broche de oro, sino como una manera de disfrutar un película mexicana en domingo, para que, después de todo el ajetreo babilónico, terminar con algo asequible, y por qué no decirlo, con nostalgias nacionales: los minimizados puntos y extremos del DF en la pantalla. 

Llegamos con 40 minutos de anticipación para tener asientos cómodos como se acostumbró a largo de todo este festival. El último día de Berlinale es el día del espectador, los precios bajan y las salas se llenan por última vez bajo el pretexto del cierre del festival. Acomodado en mi asiento, poco a poco empecé a escuchar idioma español, y mexicano por aquí y por allá. Eso de la nostalgia o la comodidad nos llega a todos, creo.

Alonso Ruizpalacios y Ramiro Ruiz, director y productor respectivamente.

Sin más preámbulos, el filme comenzó. La historia, ya lo sabrán también, comienza con una travesura y el exilio obligado de Tómas (Sebastián Aguirre) un adolescente que vive en Veracruz, pero que su madre ya no lo puede controlar y lo manda con su hermano mayor, Federico (Tenoch Huerta), quien estudia en la UNAM, en el DF. No obstante, está en huelga, remembrado los días de 1999.

Tomás, el hermano menor, llega al caos del nihilismo y la estática del departamento de su hermano Federico o Sombra para los cuates, el no hacer nada impera en este departamento que comparte con Santos (Leonardo Ortizgris). Epigmenio Cruzun, viejo rockero desconocido, “que hizo llorar una vez a Bob Dylan”, y héroe de los hermanos está convaleciente en un hospital. Azuzados por Federico y las circunstancias, grupito de tres hombrecitos decide ir a buscar a Epigmenio Cruz, el héroe del rock nacional. A bordo de un auto recorren la ciudad, teniendo como brújula para la búsqueda del rockero, su estancia en el hospital, una amante en el Zoológico y sus visitas frecuentes en una pulquería por Texcoco: el sur, el poniente, el centro y el oriente de la ciudad de México.

En esta roadmovie hay amor, aventuras, humor seco, ironía y caló mexicano. Hay una historia construida por otras inacabadas, rotas, interrumpidas, y no es necesario contarlo todo, ni se pretende (espero) que esas fracturas terminen por caracterizar una realidad defeña, la ciudad inabarcable, pues sólo así con retazos se va armando un relato que generaliza la vida citadina.

Esto de recorrer la ciudad como si fuera un país aparte, me recordó, aunque con sus reservas, a Los detectives salvajes de Bolaño. Si bien Cesarea Tinajero, en la novela de Bolaño, es la heroína de la vanguardia de la poesía mexicana, también Epigmenio Cruz es la representación del héroe ignoto del rock underground mexicano. La búsqueda de la vanguardia perdida se expresa con el realismo visceral en los poemas de Tinajero en Los detectives salvajes, en cambio en Güeros esa vanguardia musical, visceral, es sólo representable por medio del silencio. Pues sólo contamos con la descripción intimista de Sombra sobre el significado de la música de Epigmenio, ya que no escuchamos ningún ejemplo sonoro. Punto a favor, con tintes de salida fácil en la ficción.

Al terminar la película un español, a unas butacas de distancia, afirmaba su sorpresa al darse cuenta que en México se está generando un cine vital. No comprendí, o no termino de comprender a que se refiere esta persona con tal sentencia, por lo que intentaré exponer cuestiones que me ayuden repensar Güeros, una obra, a mi parecer, ambivalente.

El manejo de la cámara y la fotografía puede ser la primera sorpresa, cabe resaltar que la película es en blanco y negro. Y de este modo de filmar, emergen unos cuantos fotogramas muy estéticos, por ejemplo: la huida de Tomás por el Malecón veracruzano, el cuerpo y su sombra se van fundiendo en el movimiento, y el giro de 180° de la cámara provoca una ilusión destacable; también es interesante la toma en picada del edificio donde viven Sombra y Santos, que en el afán de comunicarse con la niña vecina de abajo, se presenta una fotografía que extiende sus líneas hacia el punto de fuga, que genera vértigo. Aplauso.

Lo anterior, queda en entre dicho por la misma película, pues en una digresión sobre el estado actual del cine mexicano, Sombra asevera irónicamente que para sorprender a la crítica europea, sólo basta con filmar una película en blanco y negro para hacer al cine mexicano experimental y que agrade a los franceses. Paradoja de su premio recibido, se podría sospechar que no sólo a los franceses les gusta esa clase de propuestas. Me pregunto si Ruízpalacios habrá previsto esa doble ironía. 

Güeros ofrece una lista de estereotipos localizados en la época de la huelga de 1999 en la UNAM. Así conviven las personas que no estuvieron ni a favor ni en contra (Sombra y Santos), los que participaron activamente: Ana (Ilse Salas) y los ultras con el personaje de El Furia, personajes que en la interacción de una huelga dejan claro que el machismo, el clasismo y la discriminación femenina existen de manera evidente en una sociedad como la mexicana. En la UNAM y en la huelga del 99 encaja la versión miniaturizada de la sociedad, en la que güeros es la punta del iceberg que permite conectar los espacios mínimos y envueltos de contradicciones con las realidades citadinas (inquiere Santos a un policía, “¿A quién le dices güero? Me ves rubio, ¿este cabello es rubio?” señalando su tez y cabellera morenas).

Existen algunos personajes que al incluirse le dan tono de documental, pero sólo por momentos, lo que le da un punto extra-narrativo. La ironía es el objetivo muy evidente en la realización de esta película. Pero si tomamos la película como una parodia en sí misma, aplaudamos. Sin embargo, no queramos discutir las paradojas sociales de la ciudad de las mil historias con más estereotipos que más que acercarse al problema nos ponen por encima de él, y nos agüera. De verdad, no vale la pena. Por lo demás, felicitaciones a Ruizpalacios desde mi butaca berlinesa, mis nostalgias se sintieron satisfechas.   

 

17.02.14

Cuauhtemoc Perez Medrano


Estudia el doctorado en letras en la Universidad de Basilea. Ha vivido en Suiza, Holanda, Francia, Portugal y Malta. Ha trabajado como mesero, botarga, tablajero, conductor de tren, plomero, jardinero, profesor de español, cocinero, barman, pescador. Tiene en puerta un proyecto media global que intenta recoger las 100....ver perfil
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